
Elegir administrador es una de las decisiones más importantes que toma una comunidad, y muchas veces se hace con poca información. Un buen administrador te ahorra plata, conflictos y dolores de cabeza. Uno malo hace lo contrario. Acá tienes una guía para elegir bien.
Lo que la ley exige (mínimos no negociables)
Antes de hablar de simpatía o precio, verifica lo básico:
- Que esté inscrito en el Registro Nacional de Administradores de copropiedad.
- Que entregue rendición de cuentas documentada, al menos una vez al año.
- Que mantenga el fondo de reserva (mínimo 5% del gasto común) y pueda mostrarlo.
- Que tenga al día el seguro de incendio y las mantenciones obligatorias.
Si un candidato no cumple estos puntos, la conversación termina ahí.
Las preguntas que de verdad importan
Cuando entrevistes a un administrador, pregunta:
- ¿Cómo le muestras a la comunidad en qué se gastó cada peso? Pide ver un ejemplo real.
- ¿Cada gasto viene con su respaldo (factura, boleta, cotización)?
- ¿Cómo concilias los pagos contra la cartola del banco?
- ¿Cuánto te demoras en emitir el gasto común cada mes?
- ¿Qué pasa si un residente reclama un cobro?
Las respuestas te dicen más que cualquier folleto.
Señales de alerta
- Precio "todo incluido" que después se llena de cobros aparte.
- Resistencia a mostrar respaldos o a dar acceso al comité.
- Liquidaciones que nadie entiende y que "hay que confiar".
- Promesas de implementación rápida que después se eternizan.
Transparencia como criterio de decisión
El mejor filtro es simple: un buen administrador no se molesta cuando le piden ver los números. Al contrario, te lo facilita. Si desde el primer día te cuesta obtener información, ese patrón solo empeora con el tiempo.
No contrates al administrador más barato ni al más simpático. Contrata al que te deja revisar todo sin incomodarse.
Comuni le da a cualquier administrador las herramientas para ser transparente por defecto: lo que carga se transforma, sin esfuerzo, en una explicación clara para el comité y los residentes.
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